La realidad del divorcio en la familia

Michelle Fahrenkrog


Este artículo es la primera parte de dos escritos acerca del divorcio y sus consecuencias en los niños. Aquí, me enfocaré más en el proceso del divorcio, las posibles situaciones que se pueden dar dentro de la familia y ciertas directrices a tener en cuenta al momento de enfrentarlo.


En primer lugar, cuando hablamos de divorcio es trascendental tener presente que corresponde a un cambio y una situación de crisis dentro de la familia, entendiendo crisis como una condición inestable en el curso de un proceso, cuya resolución condiciona y modula la continuidad del mismo (Arrieta, Amarís & Valle, 2012).


Todo cambio requiere un proceso de adaptación que, tanto para padres como hijos, supone un ajuste de ritmos. Se considera como un evento social y familiar estresante que causa impacto emocional. La gestión de este proceso depende de muchas variables, sin embargo, se enfatiza situarlo como una circunstancia que trae sentimientos de pérdida o duelo para todos los implicados (Albert Gil, 2020).




De este proceso de ruptura de pareja nacen cuestiones emocionales, afectivas, legales y económicas que deben tratarse para llegar a acuerdos claros y concisos. En lo que respecta al ser padres, se vuelve sumamente importante entenderlo como parte del ciclo de vida familiar que requerirá una resolución y comunicación de distintos factores que se encuentran interrelacionados, entre estos, cómo gestar el ser padres frente a la ruptura conyugal o, en otras palabras, la búsqueda de nuevas estabilidades que permitan el desarrollo de una nueva organización familiar. (Barker, 2011)


Por otra parte, es importante comprenderlo como una situación difícil para los hijos que trae consecuencias, como estipula Cáceres (2004):


“toda separación causa dolor pero no cualquier separación causa daño” (p. 56).

La posibilidad de daño depende de la capacidad de los padres de mantener las funciones de cuidado y apoyo a pesar de las dificultades que puedan estar atravesando. Así, quién se separa es la pareja conyugal y no la pareja parental. Por esto, es importante tener en cuenta la posibilidad de priorizar el cuidado, limites, conversar los conflictos que surjan, mantener una comunicación suficiente para la coordinación parental, esto puede permitir la conservación y maduración del afecto de los hijos con ambos padres pese a la ruptura afectiva que causa esta situación. (Catalán, 2011).





En otras palabras, la felicidad de los niños no depende de la estructura de su familia, ya sea monoparental, homoparental, reconstituida, etcétera, sino que del cubrimiento de sus necesidades y de sus relaciones afectivas (Catalán, 2011).


Además, la separación física de los padres puede permitir la posibilidad de que los niños se desenvuelvan en un entorno más seguro debido a que los progenitores ya no tienen que convivir en un mismo hogar manteniendo una relación insana. Por lo tanto, la separación o el divorcio pueden llegar a entenderse como un suceso que lleva a un cambio positivo y a una oportunidad de mejora, fomentando, así, mejores relaciones entre progenitores e hijos.


Divorcio como etapa o Divorcio destructivo


-Cuidado de los hijos  vs. Imposibilidad del cuidado de los  hijos debido a conflictos maritales.

- Peleas y desacuerdos solo en una  primera fase vs. peleas permanentes que llevan a denigrar intermediarios o búsqueda constante de culpables y cómplices.